7 valiosas lecciones que aprendimos al pasarnos de tragos

 

La estrecha línea entre un par de tragos y estar completamente borracho, es muy delgada y fácil de pasar. Es seguro decir que todos hemos cruzado esta línea al menos una vez en la vida, a pesar de todo lo malo que eso conlleva, hemos aprendido valiosas lecciones que nos han hecho no querer pasarnos de tragos nunca más.

Lo que tiene sentido en tu cabeza puede no tenerlo en voz alta. Muchas veces cuando estamos ebrios, sentimos esa necesidad de expresar todas esas cosas que se pasean por nuestra cabeza y que normalmente no decimos. A veces hay una razón para eso, y es que no todo lo que piensa y dice un ebrio es la verdad, hay cosas que es mejor no decirlas y así evitarse el ridículo.

Las peores ideas de la vida, surgen de estar ebrio. No importa que tan imposible parezca, que tantas personas se opongan, si se te mete una idea en la cabeza, para ti sonará como la mejor que has tenido en mucho tiempo, cuando realmente no es así.

No hay dieta que valga. Estar ebrio siempre va a conllevar a comer desmedidamente y es que no hay mejor cosa que hacer al estar ebrio que comerse algo verdaderamente grasoso y delicioso –aunque al día siguiente te carcoma el remordimiento–.

Al día siguiente eres el humano más inservible e inútil del mundo. Después de una noche de farra el ser humano sencillamente no funciona, el cuerpo te duele hasta en los lugares que jamás pensaste que dolerían, todo el día te mantienes en un loop infinito del sueño, despertándote en breves ocasiones para buscar municiones (agua y comida, si es que tienes estómago para eso).

Todo lo vemos más bonito, incluyendo a las personas.

Tener un buen amigo es esencial. Ese amigo probablemente te odie al día siguiente, pero mientras estés borracho será quien te cuide, te aconseje y probablemente el que te lleve a casa.

Creernos más talentosos de lo que en verdad somos. No, no sabes cantar, ni bailar, ni rapear y mucho menos coquetear, solo sientes que sí lo sabes.

Publicidad